A lo largo de la historia contemporánea de nuestros países se ha ido afianzando la certidumbre de que las instituciones gubernamentales no tienen la capacidad económica suficiente para hacerse cargo de los requerimientos que plantea la preservación de una cada vez más vasto patrimonio cultural, y que a menos que la sociedad emprenda planes de apoyo a proyectos específicos y de interés para los grupos interesados, esta tarea no podrá llevarse a cabo. Esto significa participar activamente de muy variadas formas.

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