El patrimonio viviente en museos. Mesa de discusión en la CNCPC

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  • El patrimonio cultural viviente, refiere a aquellos sitios o bienes culturales que se encuentran en pleno uso dentro de su contexto original.
  • Aun el patrimonio viviente que se incorpora a un museo o queda atrapado en él, adquiere nuevos usos y funciones, y por ende una nueva vida.

En materia de conservación del patrimonio cultural, los bienes que se encuentran en pleno uso dentro del contexto original y que forman parte de las prácticas culturales tradicionales, que pueden ser de carácter religioso o sagrado, se consideran patrimonio “vivo”. Sin embargo, existe una gran cantidad de bienes resguardados en museos que ya no tienen un uso activo en las comunidades. Para discutir la función de estos bienes, la Coordinación Nacional de Conservación de Patrimonio Cultural (CNCPC) llevó a cabo a la mesa de discusión teórica titulada  Uso y función del patrimonio cultural viviente en museos, el pasado miércoles 18 de agosto en el auditorio Paul Coremans de esta dependencia.

Con la moderación de Emmanuel Lara Barrera, del Área de Investigación para la Conservación de la CNCPC, la mesa estuvo integrada por tres especialistas con amplia experiencia en el tema: Leticia Pérez Castellanos, maestra en museología con más de 15 años de trabajo en diversos muesos, Begoña Muerza Avendaño, maestrante en museología en la Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía, y Octavio Murillo Álvarez de la Cadena, director de Acervos de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI).

Durante su participación en la mesa de discusión la maestra Leticia Pérez compartió la definición que hace el Consejo Internacional de Monumentos y Sitios (ICOMOS) de los museos: “Es una institución permanente sin fines de lucro al servicio de la sociedad y su desarrollo, abierto al público que adquiere, conserva, investiga, difunde y expone los testimonios materiales de hombre y su entorno  para la educación y deleite del público que los visita”.

Agregó que los teóricos de la restauración, como Paul Phillipot, recomiendan que el reconocimiento del valor y del contexto del patrimonio cultural conduce al principio de que cada objeto debe, cuando sea posible, ser conservado in situ, es decir, en su lugar de origen. No debe ser privado de su contexto si se busca impedir que quede aislado y descontextualizado, es decir, separado de la vida.

Sin embargo, dijo que en la realidad muchos objetos culturales transitan por diversos contextos y la suerte que corren es indeterminada. Explicó que si un bien es retirado de su contexto original para ser llevado a uno nuevo, el significado del objeto no se pierde, más bien se trasforma cuando al pasar de un sistema cultural a otro adquiere nuevas relaciones sociales y simbólicas, en una circulación de bienes y mensajes que reestructura sus contenidos.

“Desde mi punto de vista, en efecto, aun el patrimonio viviente que se incorpora a un museo o queda atrapado en él, adquiere nuevos usos y funciones, y por ende una nueva vida” detalló Pérez Castellanos.

En su intervención, Begoña Muerza abordó el tema desde su experiencia de trabajo en el área de restauración del Centro INAH Durango donde junto a la población desarrolló un museo comunitario con objetos que estaban abandonados en la sala capitular de la catedral de esa entidad federativa, recuperando además  algunos espacios que estaban destinados a convertirse en talleres y bodegas.

Durante esta experiencia de trabajo surge el interés de Muerza Avendaño por el objeto religioso como una tipo de bien cultural con cualidades muy particulares.  “El objeto religioso tiene una característica: mantiene esa parte intangible, ese carácter devocional que va más allá del contexto. El objeto religioso se puede convertir en un objeto artístico si es llevado a un museo, pero si regresa al templo donde pertenece nunca va a perder su carácter devocional”, explicó la restauradora.

El restaurador Octavio Murillo puntualizó que desde su punto de vista el patrimonio cultural no debe considerarse un ente viviente, ya que se trata de objetos inanimados con diversos valores, tangibles e intangibles,  como el histórico, el estético y el simbólico.

Señaló que los pueblos indígenas tienen una tradición ancestral muy arraigada, sin embargo también participan del mundo globalizado en el que vivimos e incorporan rasgos de esa modernidad en sus creaciones culturales, porque el patrimonio es cambiante, se va trasformando.

En este sentido los bienes culturales de los pueblos indígenas tienen diferentes funciones, siendo una de ellas la ritual y el coleccionismo de este tipo de bienes es muy polémico porque los desliga de su contexto original.

Añadió que hay bienes de uso cotidiano, obtenidos en su mayoría de contextos domésticos, integrados a museos con cierta facilidad porque no existe la controversia de retirarlos de su lugar de origen.

También están los bienes indígenas que son hechos para mostrarlos en museos, se consideran obras comerciales, para concurso y coleccionismo. Por lo general estos bienes pierden su carácter de patrimonio y son medios de representación colectiva. Su función tiene que ver con la recreación de las técnicas usadas por los pueblos indígenas.

Dijo que para los conservadores estos bienes son escasamente valorados, conocidos, estudiados e intervenidos, salvo algunas excepciones. Realizó un llamado para que los restauradores se interesen más en este patrimonio.

Finalmente, expuso que los usos actuales de los bienes en colecciones dependen de la función principal del museo específico en el que se encuentran.

La mesa titulada Uso y función del patrimonio cultural viviente en museos es la edición número 25 de las mesas de discusión teórica Principios, Criterios y Normatividad que realiza mensualmente la CNCPC para discutir temas relevantes de la conservación del patrimonio cultural. La próxima edición tendrá lugar el segundo miércoles del mes de septiembre con un tema que se dará a conocer a la brevedad.

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