Unidad potencial en conservación

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El análisis y reflexión fomentados en las mesas de discusión teórica Principios, Criterios y Normatividad, desarrolladas mensualmente en la Coordinación Nacional de Conservación del Patrimonio Cultural (CNCPC), se enfocaron en el tema “La unidad potencial en conservación: reflexiones sobre su tratamiento y recuperación”, durante su 27 sesión, efectuada en el auditorio Paul Coremans de esta dependencia, el pasado miércoles 11 de mayo.

Con la moderación de Emmanuel Lara Barrera, de la Subdirección de   Investigación para la Conservación de la CNCPC, la mesa estuvo integrada por tres restauradoras que abordaron el tema desde su experiencia profesional en diversos campos de la conservación: Gabriela Mora Navarro, jefa del Departamento de Conservación del Patrimonio Arqueológico in situ de la CNCPC,  Renata Schneider Glantz, especialista en conservación de pintura mural, arquitectura de tierra y patrimonio rural indígena, y Laura Suárez Pareyón, restauradora perito especializada en conservación y restauración de cerámica en material arqueológico de la Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía (ENCRyM).

Durante su intervención, Gabriela Mora explicó que el término de unidad potencial de Cesare Brandi se refiere a que una obra de arte no está compuesta por partes, sino que es una totalidad dotada de unidad propia, indivisible. Por lo tanto, en caso de perturbarse la obra, cada fragmento que subsiste sigue participando de esa unidad y la sugiere al mismo tiempo.

En este sentido, si la forma de cada obra de arte es indivisible, cuando se rompe esta obra, la intervención debería intentar desarrollar su unidad potencial originaria.

Sin embargo, la concepción actual de conservación del patrimonio cultural, declaró Mora Navarro, no habla de “obra de arte” en los términos de Cesare Brandi, sino de bienes culturales inmersos en un contexto social, donde la unidad potencial es  vista como un todo, pero no limitado a la obra en sí misma, sino a la capacidad de recuperar la lectura del bien cultural.

La restauradora Laura Suárez abordó el concepto de unidad potencial desde su trabajo con cerámica prehispánica, en la que siempre existe fragmentación del material. Precisó que si bien la unidad estructural de la cerámica rota se ha perdido, son objetos útiles que pueden ser estudiados y arrojan mucha información que ayuda a entender una cultura determinada.

“A veces las piezas han perdido su unidad estructural, pero siguen teniendo esa unidad potencial que transmite una gran cantidad de información. La sugerencia que se da en los trabajos de arqueología es no presentar las piezas como una unidad, sino como un conjunto que transmite información” dijo Suárez Pareyón.

Renata Schneider explicó el término desde su experiencia en el proyecto de recuperación de los bienes muebles e inmuebles del templo de Nuestra Señora de la Asunción de Santa María Acapulco, en San Luis Potosí, México.

Señaló que no es lo mismo hablar de “obra de arte” que de patrimonio cultural, y es común que los restauradores no tomen en cuenta esa consideración y acaben utilizando el concepto de unidad potencial de forma errónea.

“Por lo tanto, en los trabajos de conservación donde se habla no sólo de construcciones sociales, como es el patrimonio cultural, sino de aspectos absolutamente relacionados con prácticas culturales, no hay una forma de reconocer las cualidades vitales de una obra de arte de ninguna manera”, afirmó Renata Schneider, cuestionando la utilidad actual del concepto.

Tras un interesante intercambio de opiniones, las especialistas coincidieron en la necesidad de hacer un trabajo de aterrizaje conceptual y adecuar el término de unidad potencial a las necesidades vigentes del patrimonio cultural.

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