Prevención del grafiti en el patrimonio cultural

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Ante la proliferación de grafitis en los entornos urbanos y otras comunidades al interior de la República Mexicana, cada vez es más necesario desarrollar estrategias de acercamiento para la prevención de esta práctica, principalmente en aquellos casos en los que se ven afectados bienes patrimoniales, por ello, el pasado viernes 8 de abril tuvo lugar una plática en el auditorio Paul Coremans de la Coordinación Nacional de Conservación del Patrimonio Cultural (CNCPC), con restauradores que desarrollan proyectos de investigación en la materia.

El primero corresponde a una colaboración entre la CNCPC y la Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía (ENCRyM), encabezado por los restauradores Salvador Guillén, Yareli Jáidar, Tomás Meráz y Ana Lizeth Mata, que han denominado “Proyecto de investigación y prevención del grafiti en el Patrimonio Cultural in situ”, y que inicia formalmente a partir de este año.

Asimismo, el restaurador Javier Salazar del Centro INAH Michoacán, presentó el proyecto “Trabajos y avances en el tratamiento y prevención de pintas en el Centro Histórico de Morelia”, que se enfoca en el seguimiento y estudio del fenómeno del grafiti en la capital de Michoacán, para contrarrestar sus afectaciones en el patrimonio cultural.

Referirse al grafiti, señaló Salvador Guillén, implica manifestaciones sumamente diversas que tienen sus antecedentes muchas décadas atrás, como un fenómeno que se presenta principalmente en las calles y espacios públicos, considerada como una actividad ilícita que se ha relacionado en gran medida con grupos sociales específicos. No obstante, con la difusión que ha tenido, hoy en día existe una comprensión distinta del grafiti, el cual incluso es considerado dentro del llamado Street Art o Arte urbano.

El interés de plantear la investigación y prevención del grafiti desde el área de conservación es porque constantemente afectan el patrimonio cultural de diversas temporalidades y en distintos contextos. Lo encontramos en nuestros sitios arqueológicos, monumentos históricos y monumentos artísticos, señaló Salvador Guillén.

Si bien en la actualidad no hay una definición tajante respecto a lo que es Arte Urbano, Street Art, grafiti, arte público, entre otros; el equipo explicó que para fines del proyecto de investigación que actualmente desarrollan han dividido este tipo de manifestaciones en tres categorías: acciones vandálicas, grafiti / arte urbano y publicidad. Esto permite entender el tipo de manifestaciones que existen, cuáles dañan al patrimonio cultural, la intención con la que fueron realizadas y las personas o grupos que las están realizando.

Las acciones vandálicas pueden estar relacionadas con manifestaciones de protesta, marchas, eventos públicos, etc., y generalmente están realizadas sin ninguna intención artística. En lo que se refiere al grafiti y arte urbano, son términos referenciales al arte de la calle, los cuales puede englobar diferentes expresiones, desde intervenciones en el espacio público hasta manifestaciones pictóricas vinculadas a la obra mural. Cabe señalar que se consideró al grafiti dentro de este rubro pues en muchos casos muestran una estética particular y no todos son producto del vandalismo. La publicidad incluye anuncios de carácter propagandístico o comercial.

Ante la diversidad de manifestaciones, los restauradores consideran que es fundamental conocer la motivación o el sentido que los están originando, por lo que las acciones en el proyecto que están desarrollando se enfocarán al estudio de las diferentes alternativas de remoción en los casos en que constituyan una afectación al patrimonio cultural, así como a su prevención mediante un acercamiento a las personas que los hacen.

Yareli Jáidar dijo que se han encontrado muchos materiales con los que se realizan estas manifestaciones, tales como aerosoles (de diferentes tipos), stickers (pegatinas), calcomanías, brochas, plumones, entre muchos otros que aparecen en las superficies de monumentos, y que esto determina los sistemas de remoción que se utilicen en cada uno de ellos.

Salvador Guillén precisó que el proyecto busca generar nuevos conocimientos en la materia y su relación con el patrimonio cultural, así como también que a partir de esto se pueden plantear estrategias para crear conciencia, por ejemplo, no es lo mismo pintar en una barda contemporánea, que en una fachada o una pared de un edificio histórico.

El restaurador del Centro INAH Michoacán, Javier Salazar, quien lleva ocho años atendiendo grafitis en el centro de Morelia, declaró que es un problema social y reincidente debido a que, si hoy eliminan una pinta de un sitio, vuelve a aparecer al siguiente día.

Agregó que todos los días aparecen grafitis nuevos en los 1113 monumentos históricos que existen en el centro de Morelia, convirtiéndose en una situación difícil de controlar, porque es muy complejo vigilar todos los puntos de la ciudad. Precisó que entre las medidas aplicadas está promover espacios públicos para que las personas dedicadas al graffti puedan realizarlo de forma legal y fomentar la denuncia de las pintas en bienes históricos. Sin embargo, señaló que es una problemática que se debe atender desde las vertientes de educación, divulgación y legislación.

El motivo principal de exponer este tema en la CNCPC es establecer todas las posibilidades y necesidades que requiere este tipo de manifestaciones y lo que implica enfrentarse a ellas, permitiendo que desde la coordinación se establezcan bases e información común de utilidad para los profesionales vinculados al tema en México.

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