Ética en la conservación del patrimonio cultural, mesa de discusión en la CNCPC

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Si bien existen criterios y normatividad que definen a la conservación profesional de los bienes culturales en nuestro país, aún no está determinado un código de ética específico para la profesión. Este vacío puso en la palestra el tema “El papel de la ética en la conservación” para generar un acercamiento y análisis dentro de las Mesas de Discusión Teórica, Principios, Criterios y Normatividad, el miércoles 13 de abril de 2016, en el auditorio Paul Coremans de la Coordinación Nacional de Conservación del Patrimonio Cultural (CNCPC).

Con la moderación del restaurador de la CNCPC, Emmanuel Lara Barrera, la mesa estuvo integrada por tres restauradores egresados de la Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía “Manuel del Castillo Negrete” (ENCRyM), especializados en diversas áreas de la conservación. Los restauradores Luis Amaro Cavada, profesor del Taller de Restauración de Escultura Policromada, Alejandra Odor Chávez, especialista en conservación de manuscritos con tintas ferrogálicas de la Biblioteca Nacional de la UNAM y Roderick Palacios Coveney, cofundador de la empresa ERP Restauración, quienes compartieron sus reflexiones y respondieron a las preguntas del público asistente.

Durante su intervención, Amaro Cavada explicó que aunque no existe una materia especifica de ética en la ENCRyM, los profesores consideran que los principios y normatividad que rigen a la conservación incluyen aspectos éticos que brindan herramientas a los alumnos para desempeñar un trabajo de calidad en su vida laboral. Sin embargo, señaló que es necesario evaluar la creación de la materia de ética en conservación con el propósito de que los valores que la estipulan sean más claros para los estudiantes.

Precisó que la ética tradicional se fundamenta en la relación entre personas y no entre personas y objetos, por ser estos últimos amorales, pero en la práctica de la conservación, la mayor parte del trabajo implica la interacción entre el restaurador y el bien intervenido, lo que genera una relación -muy característica de la profesión- en la que se considera que el objeto tiene en sí mismo una “esencia” y un valor intrínseco que se tiene que conservar.

En su participación, Alejandra Odor explicó que no se debe perder de vista que los bienes intervenidos tienen relación con otros seres humanos, por lo tanto, las decisiones que asume un restaurador tendrán repercusiones en el bien cultural y en las personas que están relacionadas con él.

“Tomamos decisiones importantes sobre bienes importantes. La conservación es una práctica social abierta a múltiples interpretaciones. La ética no atañe a los objetos, pero nuestras acciones sobre el objeto tiene consecuencias sobre otras personas.” precisó Odor Chávez.

Roderick Palacios señaló que en la conservación privada, si bien las determinaciones de los restauradores deben ser responsables y éticas, el trabajo cotidiano implica dificultades que están fuera de las manos del profesional de la conservación, ya que es común que los propietarios de los bienes o quienes pagan la intervención pretendan imponer su voluntad. Aunque el restaurador tiene la obligación de argumentar las decisiones que tome para una correcta intervención, sus alcances están sujetos a los deseos del cliente.

Dijo que las comunidades donde se interviene algún bien cultural también presentan conflictos para la conservación, debido a que algunas personas muestran desacuerdo con las decisiones y cuestionan el procedimiento. Aun así  el restaurador debe tomar las mejores decisiones posibles, con los recursos que tiene a la mano.

A manera de conclusión los restauradores señalaron que la ética está presente en la restauración, en todas las teorías, los criterios y la normatividad que la rigen; sin embargo, es necesario evaluar la pertinencia de crear un código deontológico con definiciones claras que sean extensivas para todos los profesionales de la conservación.

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