Estudio sin precedentes en retablo mortuorio

Retablo MortuorioEn un hecho nunca antes visto, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), a través de su Laboratorio de Geofísica, realizó un estudio especializado con un georradar, en una tabla mortuoria que se encuentra en restauración en la Coordinación Nacional de Conservación del Patrimonio Cultural (CNCPC).

La tabla Alegoría de la Muerte es una pintura de caballete, que perteneció a algún templo durante la época de la independencia de México y que actualmente forma parte de la colección del Museo Nacional de las Intervenciones del INAH.

Esta obra fue atacada por insectos durante muchos años, debilitando su estructura y generando un riesgo importante en su conservación, por lo que el doctor José Ortega, del Laboratorio de Geofísica del INAH, realizó junto a la restauradora de la CNCPC encargada del proyecto, Mitzy Antonieta Quinto Cortés, un estudio denominado Georradar de Penetración con Alta Frecuencia..

Este estudio se utiliza principalmente en excavaciones arqueológicas para determinar la densidad del terreno y generar un modelo en tercera dimensión sobre grietas, canales y demás irregularidades que se puedan presentar. Nunca antes se había utilizado en una obra de arte, y permitirá determinar los túneles que han dejado los insectos en la madera, lo que constituye una gran herramienta en materia de restauración.

La pintura Alegoría de la Muerte fue creada para registrar en el nombre y fecha de fallecimiento de personas de la comunidad, con escritos que datan de 1818, época en la que se sostenía la lucha de Independencia de México y que supone la muerte de miles de personas.

La restauradora Quinto Cortés ha realizado una serie de investigaciones para determinar los materiales constitutivos, las capas pictóricas y la composición química de los pigmentos, para determinar la dinámica del deterioro de la obra y desarrollar así un correcto proceso de restauración.

Dentro de los resultados que se han obtenido, Mitzy Quinto explica que la obra presenta varias capas de pintura, así como pedazos de papel, sobre los pétalos de la flor principal que se muestra en la figura, donde escribían el nombre de los difuntos e iban encimando cubiertas cuando se llenaban, creando varios estratos.

Esta herramienta de investigación con tecnología de georradar, es la puerta a nuevas herramientas que ayudarán a mejorar los procesos de restauración para seguir conservando el patrimonio cultural de México.

Desnudando una tabla mortuoria

Como parte de los análisis aplicados a la tabla Alegoría de la Muerte, personal del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM realizó una reflectografía infrarroja a la obra, que permitirá observar detalles pictóricos que no se habían podido analizar a detalle, y que servirán para estudiar a fondo su contexto histórico.

Mitzy Quinto Cortés, restauradora del Taller de Pintura de Caballete de la CNCPC y responsable del proyecto, aseguró que el estudio permitirá observar el dibujo preparatorio de la obra, que es el trazo de carboncillo o lápiz hecho originalmente sobre la tabla para después rellenarlo de color, así como todas las capas pictóricas que presenta.

La tabla funcionaba como un registro de muertes en la época de la Independencia de México, sobre doce pétalos que figuran las horas del día, se escribían los nombres de los difuntos. Cada vez que se completaba un pétalo, colocaban hojas de papel encima, formando así varias capas y cuando no podían pegar más, entonces las pintaban de blanco y volvían a iniciar las anotaciones.

Quinto Cortés explica que:

Las diferentes tintas utilizadas en la tabla ya no se pueden observar a simple vista debido a su desgaste, por lo que a través del estudio de fotografía infrarroja será posible ver las inscripciones con claridad y hacer un análisis de las letras, oraciones y nombres contenidos. También se observarán el año y los lugares en que se registraban las defunciones, que permitirán conocer más sobre el uso, en tiempo y espacio, de la tabla.

En el futuro lo único que va a existir de las grafías hechas en la tabla son las imágenes tomadas con la cámara infrarroja, ya que las tintas no se pueden recuperar y el desgaste continuará.

La restauradora Quinto Cortés señaló que no se pueden restaurar las hojas de papel de forma aislada, porque están adheridas a un pedazo de madera con pintura, lo que constituye una combinación de materiales que implica establecer un punto medio de conservación para atender las dos necesidades -del papel y de la tabla pictórica-.

El avance de las acciones de restauración de la obra se encuentra en el 80 por ciento, asegura Mitzy Quinto Cortés, ya que la prioridad era darle estabilidad porque había sufrido un ataque biológico de carcoma -insecto que consume madera-, que la había debilitado y debía consolidarse. Una vez finalizado esto, lo que se está estudiando es la posibilidad de hacer la reintegración pictórica y, posteriormente, el montaje en una vitrina para que regrese al Museo Nacional de las Intervenciones de donde pertenece.

Cronómetro de muerte

Recientemente, aparecieron dos pedazos de papel en el archivo histórico del Ex Convento de Churubusco. El primero es un círculo con un reloj dibujado, que constituye la parte central de la tabla mortuoria, con la peculiaridad de que el 4 romano está trazado de esta forma: ?IIII?.

El segundo trozo de papel es un pétalo faltante, correspondiente al mes de agosto, que al ser cotejado coincide perfectamente en forma y contenido. El primer elemento corrobora el uso de la obra como un calendario- reloj de la muerte, en el que cada uno de los pétalos es un mes del año.

El equipo de especialistas del Laboratorio de Diagnóstico de Obra de Arte del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM está conformado por Sandra Cetina Ocaña y Eumelia Hernández Vázquez, con el apoyo de Yolanda Pérez Cárdenas, realizó el registro fotográfico a solicitud de la restauradora Mitzy Quinto Cortés, porque los resultados ayudarán en gran medida en la investigación de la Alegoría de la Muerte.

Cabe recordar que en marzo pasado, el doctor José Ortega, del Laboratorio de Geofísica del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), realizó un estudio sin precedentes a la tabla con un georradar, con el fin de realizar un modelo en tercera dimensión sobre posibles grietas, canales y demás irregularidades de la tabla mortuoria.

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